El olor de la tierra recién mojada llenaba su nariz, junto con ese olor, percibía el de sus hermanos y hermanas. La noche era oscura, las nubes aún cubrían el rostro de Yllia y sus hijas, pero pronto se dispersarían.
Sus hermanos corrían junto a él, manteniendo su distancia, sin hacer el menor ruido. Así había sido desde el Despertar, desde que Yllia bajara del cielo para escuchar la canción del Padre... la canción que dió origen a su manada.
Antes del Despertar, la manada de Colmillo Roto había dominado el bosque, llegaron a él desde las montañas, siguiendo a los de cuernosanchos. Llegaron a este bosque donde habitaban otros, otros que opusieron resistencia. Pero Colmillo Roto y sus hermanos eran duros, las montañas los habían hecho fuertes y podían correr más tiempo que los otros.
Los otros resistieron por dos soles, hasta el frío grande, cuando llegó el frío grande la tierra se llenó de blanco, los pequeños, los de cuernos anchos, los trepadores no encontraban alimento y era difícil encontrarlos. Los otros tenían hambre y estaban débiles, pero los hermanos de Colmillo Roto eran más duros, los años en la montaña les habían enseñado a buscar bajo las piedras, entre las raices y a mantener la fuerza con poca comida.
Colmillo Roto les dió el bosque y sus ríos y cuevas, pero fué el Padre el que les dió el Despertar.
El Padre, había descubierto las primeras piedras-tronco, había encontrado el sitio una noche que seguía a uno de cuernos delgados. Cuando cruzó entre dos piedras-tronco sintió que sus pelos se erizaban, pero siguió la cacería y una vez que atrapó su presa regresó al lugar.
Olfateó el aire y encontró el olor del bosque, de los pequeños y de algo más. No había olido antes eso, pero el olor no le decío peligro. Tomó a su presa con fuerza y cruzó otra vez entre dos piedras-tronco; notó que habían muchas y que se levantaban de la tierra rodeándolo. Su piel volvió a erizarse, y sintió que algo dentro de él empezaba a surgir.
El Padre devoró a su presa, y se echó a dormir entre las piedras-tronco. En su sueño vió la luz de la noche que bajaba sobre él, vió cómo cubría su cuerpo y lo hacía brillar como las moscas de
luz. En su sueño, el Padre empezó la canción. Una canción que marcaba el inicio de una conciencia, una canción que llevaba el agradecimiento por algo encontrado pero no comprendido.
El Padre regresó al círculo de piedras-tronco cada noche a cantar, y durante esas noches ella le reveló su nombre Yllia, fué la primera palabra que se formó en su mente. Una palabra, una imagen, el despertar de una conciencia.